A escasos días de la primera vuelta presidencial, el panorama político colombiano evidencia las adhesiones de Carlos Caicedo y Roy Barreras a la campaña de Iván Cepeda. Una movida que suma menos del 1% en intención de voto, pero que endosa al proyecto progresista un pesado lastre de investigaciones por acoso sexual y los peores vicios del oportunismo político en Colombia.
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A pocos días de definirse el futuro del país en las urnas, las campañas presidenciales comienzan a depurarse y los candidatos sin opciones buscan refugio.
En este escenario de recta final, en el que las encuestas recientes muestran a Iván Cepeda liderando la intención de voto con un 33,4%, seguido de Abelardo De La Espriella con un 30,9%, las alianzas de última hora se vuelven el pan de cada día.
Sin embargo, los recientes aterrizajes de los excandidatos presidenciales Carlos Caicedo y Roy Barreras en las toldas del candidato progresista plantean serios interrogantes sobre la coherencia del escenario político.
La realidad matemática de estas adhesiones es, cuando menos, precaria frente al tamaño del electorado.
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Lejos de representar un apoyo masivo que pueda inclinar la balanza de manera decisiva, tanto Caicedo como Barreras llegan a la campaña de Cepeda tras estrellarse contra una severa apatía ciudadana.
La cruda realidad es que ninguno de los dos logró convencer al país ni alcanzar siquiera el 1% en la intención de voto. Ambos hacen parte del “Club de los últimos”.
Según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, las cifras son contundentes y desoladoras para ambos políticos, demostrando su escaso peso electoral.
Carlos Caicedo apenas logró registrar un lánguido 0,6%, lo que mal contados se traduce en unos 125.000 votos. Roy Barreras se hundió aún más en el fondo de la medición con un microscópico 0,1%, equivalente a unos 29.000 sufragios. Algo suman, es cierto, pero el verdadero costo de estos apoyos no se mide en las urnas, sino en la legitimidad del proyecto que los recibe.
El caso de Carlos Caicedo es particularmente alarmante, pues arrastra un pésimo antecedente a la contienda. Aunque en su discurso de adhesión afirmó unirse a Cepeda por “años de lucha conjunta” para buscar la dignidad de las mayorías, la realidad es que su campaña nunca logró marcar bien en las encuestas.
Este fracaso estuvo fuertemente marcado por el coletazo de una grave investigación en su contra por presunto acoso sexual. Los detalles de esta denuncia dibujan un patrón de comportamiento inaceptable.
Diversas evidencias apuntan a que el exgobernador presuntamente condicionaba el ascenso laboral de mujeres en su equipo a cambio de favores de tipo sexual, citándolas en habitaciones de hoteles para hacer sus insinuaciones.
Quienes se negaban a acceder a estas pretensiones para escalar profesionalmente terminaban relegadas en sus cargos, enfrentando incluso problemas y falta de pagos de salarios por los meses trabajados.
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Por otro lado, la llegada de Roy Barreras aporta su propia cuota de controversia a la alianza.
En su anuncio de apoyo a la campaña, Barreras intentó erigirse como una autoridad moral, despotricando contra su contrincante Abelardo De La Espriella, a quien tachó de “abogado de la mafia” y lo vinculó con figuras del paramilitarismo como Mancuso y el Ñeñe Hernández.
En su intervención, aseguró que su voto progresista se aleja del narcotráfico y defiende a las víctimas.
No obstante, estas palabras chocan frontalmente con la percepción generalizada sobre su figura, debido a que Roy Barreras ha sido ampliamente reconocido por la opinión pública como un negociante de la política.
Identificado como un lagarto consagrado y un político oportunista, su trayectoria encarna los peores vicios clientelistas de la historia republicana de Colombia.
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Su sorpresiva adhesión a escasos días para las elecciones es percibida menos como un compromiso ideológico y más como una clásica maniobra para no soltar el poco poder que ostenta.
Las adhesiones conjuntas de Caicedo y Barreras dejan un profundo sabor amargo en la contienda.
La campaña de Iván Cepeda terminó abrazando a dos figuras que aportan un marginal 0,7% en los sondeos, pero que traen consigo un equipaje tóxico y contradictorio.
Cobijar a un dirigente investigado por acoso sexual y al símbolo histórico del clientelismo, pone a dudar al electorado sobre si los discursos de dignidad y cambio son genuinos o simplemente un disfraz de la izquierda que ahora hace parte de la cuestionada política tradicional.
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🚨 ALIANZAS DE ÚLTIMA HORA
📉 A escasos días de las elecciones, @carlosecaicedo y @RoyBarreras aterrizaron en la campaña presidencial de @IvanCepedaCast, quien lidera los sondeos con un 33,4%.
🗳️ Sin embargo, esta unión política levanta serias dudas porque ambos excandidatos… pic.twitter.com/zuiECPtzFz
— Rubén Benjumea (@puntodevistardb) May 25, 2026


