COLOMBIA JUEGA, LA POLÍTICA EMPALMA

Mientras la Selección Colombia busca esta noche ante Ghana el paso a octavos del Mundial, el país político mira otro partido, el empalme entre el gobierno saliente de Petro y el entrante de Abelardo, una transición que empieza con desconfianza mutua y un presidente ausente representado por el ministro Germán Ávila.

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Este viernes 3 de julio tiene dos pantallas abiertas para Colombia. En una, la Selección salta al estadio de Kansas City para enfrentar a Ghana a las 8:30 de la noche en los dieciseisavos de final del Mundial, en la otra, la Casa de Nariño abrió la mesa del empalme presidencial entre la administración de Petro y el gobierno electo de Abelardo.

Fútbol y poder, camiseta y carpeta, ilusión y acta, dos formas muy colombianas de vivir la ansiedad nacional.

La Selección llega con autoridad, no se trata de inflar el pecho por deporte, aunque para eso también sirve el fútbol, sino de reconocer que Colombia terminó líder del Grupo K después de vencer 3-1 a Uzbekistán, superar 1-0 a República Democrática del Congo y cerrar con un 0-0 frente a Portugal que dejó la sensación de equipo serio, maduro y competitivo.

Contra Portugal, Colombia jugó como los dioses, sin necesidad de fuegos artificiales, con temple, orden y personalidad para mirar de frente a una potencia.

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Ghana no será un invitado decorativo, el equipo africano llega con el sello de Carlos Queiroz, viejo conocido de la afición colombiana y con una fase de grupos en la que venció a Panamá, empató con Inglaterra y cayó con Croacia, resultados suficientes para meterse entre los mejores terceros.

Ese dato obliga a la prudencia porque una cosa es jugar bonito contra Portugal y otra muy distinta es resolver una noche de eliminación directa en la que cualquier error se paga con tiquete de regreso.

Pero si la pelota convoca esperanza, la política convoca sarcasmo.

El empalme entre Petro y De La Espriella empieza con el libreto solemne de toda transición democrática, informes, cronogramas, mesas sectoriales, equipos técnicos y promesas de transparencia.

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La primera reunión nacional está encabezada por el ministro Germán Ávila del gobierno saliente y por José Manuel Restrepo, vicepresidente electo y coordinador del equipo entrante.

Petro, en cambio, no aparece como protagonista de la mesa inicial, como si el empalme fuera una obra de teatro en la que el personaje principal mandó suplente a leer sus líneas.

La ironía es inevitable, después de años de discursos encendidos, plazas llenas, trinos incendiarios y cadenas nacionales con tono de epopeya, la transición comienza con un ministro haciendo las veces de bombero institucional.

Germán Ávila tiene ahora la misión de entregar papeles, calmar sospechas y explicar que todo se hará “conforme a la ley”, mientras el nuevo gobierno llega con lupa, linterna y detector de contratos de última hora. En Colombia, hasta el empalme necesitará “VAR”.

De La Espriella y su equipo han instalado la narrativa del “empalme anticorrupción” con 22 mesas de revisión y la advertencia de que cualquier hallazgo irregular será llevado ante las autoridades.

Del lado de Petro, el mensaje es que habrá entrega ordenada, transparente y respetuosa. En teoría, suena republicano, en la práctica, huele a duelo de abogados con micrófono en la que cada carpeta puede convertirse en denuncia y cada acta en munición política.

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Lo cierto es, que, mientras Néstor Lorenzo pide cabeza fría para enfrentar a Ghana, la política ofrece cabeza caliente para interpretar cada gesto del empalme.

En la cancha, Colombia necesita recuperar la precisión, la presión alta y esa serenidad que mostró ante Portugal, en la Casa de Nariño, el país necesita algo más difícil, que el gobierno saliente entregue sin esconder y que el entrante revise sin convertir cada sospecha en espectáculo. Lo primero puede dar un cupo a octavos, lo segundo puede evitar que la transición termine pareciéndose a un clásico con expulsados.

Esta noche, millones de colombianos querrán que la Selección repita la grandeza mostrada ante Portugal y mande a Ghana a casa con respeto, fútbol y carácter.

Por su parte, el empalme seguirá su propio partido, menos emocionante que un gol de James o Luis Díaz, pero quizá más decisivo para el futuro inmediato del país.

Ojalá en ambos escenarios gane Colombia, en Kansas City con fútbol, en Bogotá con instituciones, aunque, conociendo nuestra política, no faltará quien quiera celebrar un pase a octavos mientras denuncia “fuera de lugar” en la mesa de empalme.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.