La salida intempestiva del aire del programa de radio conducido por Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo expone la fragilidad de un formato atrapado entre la prepotencia, las disputas verbales, el activismo militante y una insostenible crisis comercial que no perdona la desconexión con la audiencia.
El intempestivo silencio que hoy envuelve al dial de este programa es el resultado de acontecimientos largamente gestados en la trastienda de la radiodifusión.
La salida abrupta de las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo no ocurrió en el vacío, sino en medio de una visible pérdida de sintonía, un ambiente plagado de fricciones con sus invitados al aire y un sesgo ideológico que terminó por asfixiar el espacio.
No hablo mal públicamente de colegas ni periodistas, entiendo perfectamente que cada uno verá cómo se las arregla en el mercado periodístico.
Sin embargo, creo que es conveniente, por lo menos, analizar algunos de los puntos que podrían ser la base por los que cerraron el programa de radio de Zuluaga y Restrepo, un suceso que trasciende una decisión en el escenario de lo anecdótico.
El fin de este espacio, dijo un jefe de la empresa Caracol, se debe a una crisis estructural en los medios tradicionales en los que la caída de la pauta publicitaria y la migración de audiencias hacia el entorno digital han mermado su rentabilidad.
Los medios de comunicación tradicionales enfrentan una fuerte reducción de ingresos debido a que las audiencias han migrado hacia los teléfonos móviles y los entornos digitales, buscando formatos más ágiles e interactivos.
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La pauta en la radio tradicional ya no genera el mismo impacto ni motiva compras de la misma manera, especialmente entre el público joven.
Este segmento demográfico ha abandonado por completo el receptor de transistores, refugiándose en el consumo bajo demanda en el que la rigidez de los horarios corporativos y las tandas interminables de comerciales simplemente no tienen espacio.
Como contraste de audiencias, mientras BLU Radio, emisora líder según el ECAR 1-2024, registra mensualmente unos 1.9 millones de oyentes en radio y 5.2 millones por streaming, un periodista independiente con 100,000 seguidores en redes sociales puede llegar a alcanzar entre 15 y 20 millones de visitas mensuales.
Puntodevistardb.com, por ejemplo, alcanza entre web y redes sociales un promedio de 2.5 millones de visitas mes, y, entiéndase, que somos un medio de nicho que se dedica a hablar sobre política, no un medio masivo de información.
El desempeño en las web y redes hace que los anunciantes prefieran invertir en plataformas digitales por ser más baratas, medibles y segmentadas, además que la operación de la radio tradicional exige un despliegue de recursos económicos y humanos sumamente altos.
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LA LÍNEA EDITORIAL
Lo otro que también hay que tener en cuenta es el deterioro de la línea editorial del programa, generando tensiones con invitados, posturas políticas polarizadas y una pérdida paulatina de su interés original.
El espacio que nació como una alternativa fresca terminó devorado por su propio ecosistema de crispación en el que las disputas verbales sistemáticas y las salidas inapropiadas al aire deterioraron irreversiblemente el decoro y el prestigio del formato.
También hay que sumar que la presión del poder político saca periodistas incómodos, y, en ese sentido, se plantea que los gobiernos suelen presionar para retirar de los medios a periodistas que resultan torpedeando sus intereses.
Como ejemplo de esta sutil pero aplastante dinámica corporativa, se habla de la salida de Vicky Dávila durante el gobierno de Juan Manuel Santos y la remoción de periodistas de oposición en Caracol y la otrora W durante el gobierno de Gustavo Petro.
Como si fuera poco, también se presentó pérdida de neutralidad y exceso de apasionamiento.
El panel del programa adoptó posiciones políticas extremas y mantuvo un tono muy marcado en contra del entonces candidato y actual presidente Abelardo De La Espriella.
Este enfoque llegó a percibirse en ocasiones como un “tema personal”, rompiendo el equilibrio e incurriendo en un apasionamiento que afectó la supuesta neutralidad periodística que debió blindar el espacio.
Además, la falta de dinamismo y temas monótonos fue otro revés. Aunque el programa conservó rigor en investigaciones y en el manejo de temas económicos, el formato terminó volviéndose predecible.
Los temas de debate se tornaron monótonos y el abordaje de causas como el feminismo adquirió un tinte rígido y con frecuencia violento, lo que terminó distanciando a los oyentes que buscaban un espectro de opinión más equilibrado y pluralista en sus mañanas.
Por eso y otras razones, es mejor tener logo propio por pequeña que sea la audiencia, en vez de estar sometido a que un jefe de turno te apague la emisora.
Al final del día, el verdadero refugio del periodismo libre e independiente ya no se esconde en los grandes e influyentes directorios corporativos del dial, sino en la soberanía de la construcción de una comunidad digital propia con la única misión: trabajar por la credibilidad.


