Lo que pretendía ser el inicio de un frente unido para salvar a Colombia de la crisis terminó como una muestra más de la fractura política. La candidata Paloma Valencia buscó tender puentes, pero se encontró con la inquebrantable y solitaria postura de Fajardo.
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Bajo el calor de Barranquilla, la candidata Paloma Valencia se sentó a tomar un café con Sergio Fajardo, buscando consolidar una gran coalición que ya suma nombres como Juan Daniel Oviedo, Aníbal Gaviria, Galán, Cárdenas y Luna.
Su objetivo principal era unir al país y crear un bloque lo más amplio posible contra a lo que ella describe como un inminente “abismo” social y democrático.
Era un intento claro de demostrar que, a pesar de las profundas diferencias que puedan existir, es imperativo trabajar juntos por el futuro de la nación.
Para Valencia, el panorama es aterrador. Advierte sobre la continuidad de un gobierno que busca demoler la Constitución, una paz total que le está entregando el país a los violentos y una reforma a la salud que tiene a los ciudadanos muriendo en las calles.
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Frente a este diagnóstico, la invitación a Fajardo apelaba a quienes creen en la democracia, la libertad y el bienestar social para evitar que el país caiga por un precipicio del que difícilmente se podría retornar.
Sin embargo, el encuentro concluyó sin acuerdos concretos, evidenciando que Fajardo simplemente decidió “dar un paso al costado y continuar con su manera de hacer política”.
Esta falta de consenso no sorprende si se analiza su histórica incapacidad para forjar alianzas con aquellos que considera políticos tradicionales y de alcantarilla.
Su marcada animadversión contra las estructuras convencionales sigue siendo la gran barrera para conformar una coalición unificada que pueda hacer contrapeso real en las urnas.
El problema de fondo parece radicar en una profunda e inamovible convicción personal de Fajardo, está convencido que es el único actor político verdaderamente transparente.
Esta postura purista no sólo lo aísla, sino que le impide ceder en sus posturas para alcanzar acuerdos pragmáticos, frustrando cualquier intento de unión electoral que exija dialogar con sectores que estigmatiza de antemano.
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A Paloma la asesora su peor enemigo o Diego Santos. ¿A quién carajos se le ocurre sentarse con un señor tan arrogante y que las encuestas solo le dan el 1% de intención de votos? pic.twitter.com/2JvlhRhKqv
— Alvaro J Tirado (@MisterTirado) May 23, 2026
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Ante este escenario de rechazo, Paloma Valencia quedó prácticamente indefensa en su intento por sumar al exalcalde y exgobernador a su gran coalición.
El panorama para Paloma se debilita ante la triste certeza que, lo más seguro, es que Fajardo salga el primero de junio rumbo a encontrarse con la paz de Nuquí, abandonando el fragor de la contienda y dejando a la deriva la posibilidad de consolidar fuerzas en un momento decisivo para el país.
Queda por ver si Colombia, que es “más grande que los problemas de Fajardo”, logrará esquivar el abismo sin el apoyo de quienes prefieren la pureza del aislamiento a la responsabilidad de la alianza.
A pesar de este tropiezo político, Paloma Valencia mantiene su discurso de optimismo, asegurando que ganará, pasará a segunda vuelta y se convertirá en la primera mujer presidente, gobernando con los sectores políticos más amplios posibles.


