EL OCASO DEL TIRANO: LA ADVERTENCIA DE ÁLVARO LEYVA Y LA DESESPERACIÓN DE PETRO

Álvaro Leyva, quien alguna vez creyó en el proyecto político del actual gobierno, publicó una carta que desnuda la verdadera naturaleza de Petro. Ante la inminente victoria de la oposición, Leyva plantea una propuesta radical para proteger la democracia de un mandatario dispuesto a incendiar el país antes que enfrentar a la justicia.

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No hay peor cuña que apriete que la del mismo palo. Álvaro Leyva Durán, un paleolítico de la política colombiana, dejó una constancia para la historia que confirma los peores temores sobre el actual gobierno. Según él, la administración de Gustavo Petro opera en un ambiente “putrefacto”.

Al confesar públicamente su arrepentimiento por haber ejercido como ministro, Leyva no escatimó palabras para describir a Petro, a quien califica como un “monstruo” marcado por su vileza, su degradación y su profundo irrespeto al cargo.

Esta brutal honestidad, nacida de alguien que presenció las entrañas del poder ejecutivo, sirve como un oscuro preludio sobre las verdaderas intenciones del presidente de cara a las próximas elecciones.

El pánico en la Casa de Nariño es palpable y la razón de este desespero tiene nombre propio: Abelardo De la Espriella.

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Según la carta de Leyva, Petro sabe perfectamente que su futuro político y su libertad dependen exclusivamente de que su sucesor lo proteja de la justicia porque es consciente que Abelardo no sólo es capaz de ganar en la primera vuelta, sino que podría terminar enviándolo a prisión.

Por ello, el mandatario emprendió una cacería antidemocrática, buscando por todos los medios descalificar al candidato opositor para preparándose sistemáticamente para desconocer, además, un triunfo electoral que ya parece inevitable.

Para materializar este golpe a la democracia, dice el excanciller, el presidente lleva meses construyendo un relato amañado sobre una supuesta manipulación electoral.

Advierte Leyva que Petro ha acusado sin aportar pruebas a los proveedores del software de escrutinio de haber pactado una trampa, tejiendo así una excusa anticipada que le permita rechazar los resultados adversos en las urnas.

Esta peligrosa estrategia, que ya fue denunciada por el congresista estadounidense Rick Scott al advertir sobre tácticas comparables a las del dictador Nicolás Maduro, demuestra que Petro está dispuesto a usar el odio como su última y más desesperada carta.

Pero la guerra sucia del gobierno va mucho más allá de los discursos y entra directamente en el terreno de la violencia y la corrupción electoral.

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La campaña se ha desarrollado bajo una hostilidad en la que Petro ha incitado a sus seguidores a cometer desmanes e incluso se ha reportado la amenaza de francotiradores contra la campaña opositora.

Simultáneamente, el aparato político aliado al gobierno intentó manipular las elecciones invalidando las firmas de Abelardo De La Espriella, prohibiendo encuestas desfavorables y aceitando la maquinaria con “ríos de plata” el día de los comicios para comprar votos.

Ante este panorama de evidente sabotaje institucional, la propuesta de Leyva pretende garantizar una transición pacífica del poder.

El exministro exige que, si en primera o segunda vuelta Petro invoca el fantasma del fraude electoral, este debe retirarse inmediatamente del cargo acogiéndose a los términos del Artículo 193 de la Constitución Nacional.

En su lugar, la vicepresidenta asumiría el mando y se conformaría una comisión con congresistas norteamericanos invitados para auditar el software y verificar los resultados en aquellos territorios donde los aliados del gobierno consiguen sus votos mediante la violencia y la coacción.

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Gustavo Petro se encuentra acorralado y su tiempo se agota inexorablemente. La advertencia de Álvaro Leyva es el reflejo del colapso ético de un líder que prometió un falso cambio y terminó abrazando tácticas tiránicas para salvarse.

El destino de Petro parece estar sellado y podría enfrentar consecuencias en tribunales estadounidenses si cómplices de su gobierno, como Armando Benedetti, deciden declarar en su contra.

Al final de la jornada, como bien sentencia la carta de Leyva, al actual presidente no le quedará más remedio que aceptar su derrota y tragarse la realidad de que Abelardo De la Espriella será el próximo presidente de Colombia, le guste o no.

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.