La orden de Abelardo De La Espriella de suspender de inmediato el empalme con el gobierno saliente de Gustavo Petro elevó la tensión política a un mes de la posesión presidencial. Entre acusaciones de corrupción, dudas sembradas sobre el resultado electoral y respuestas oficiales cruzadas, Colombia entra en una transición marcada por la desconfianza.
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El país amaneció con una transición presidencial en suspenso.
Abelardo De La Espriella, ya acreditado por el Consejo Nacional Electoral como presidente electo para asumir el 7 de agosto, ordenó a su vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, suspender de manera inmediata el empalme con la administración saliente de Gustavo Petro.
La decisión, anunciada en redes sociales, fue la declaración política de ruptura en plena antesala del cambio de mando.
Mientras el país espera una entrega ordenada del poder, la Presidencia saliente contrató el retrato de Gustavo Petro que tendría un valor de $75 millones de pesos para ser exhibido en la Casa de Nariño.
En términos simbólicos, no deja de ser irónico, mientras se rompe el puente administrativo entre gobiernos, en el Palacio ya piensan en colgar el rostro del saliente en la pared.
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De La Espriella justificó la suspensión del empalme con una acusación, calificó al gobierno que termina como corrupto y sostuvo que sus decisiones y conducta pretenden destruir Colombia.
Según el mensaje del presidente electo, el objetivo de interrumpir el empalme es proteger los intereses de la Nación y garantizar una transición seria, transparente y al servicio de los colombianos, “nunca legitimar el desastre ni el desconocimiento del orden constitucional”.
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Ahora bien, el giro de Petro tampoco ayuda. Hace apenas unos días había confirmado el inicio del empalme y habló de su retirada del poder, reconociendo en la práctica el resultado electoral.
Luego cambió el libreto y sostuvo que Abelardo no ganó, que el presidente legítimo sería Iván Cepeda, pese a que la institucionalidad electoral ya avanzó en sentido contrario.
Petro parece pasar de la aceptación institucional a la épica de la resistencia con la facilidad de quien cambia calzones. Un día habla de empalme, al otro de fraude, después de movilización, luego de que Cepeda sería el verdadero presidente.
Gobernar no es improvisar titulares y entregar el poder tampoco puede convertirse en una novela por entregas en la que cada capítulo contradice el anterior.
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Acabo de darle instrucciones al señor vicepresidente electo de la República para que suspenda de manera inmediata el proceso de empalme con el gobierno corrupto que termina su periodo, un gobierno que, con sus decisiones y su conducta, pretende destruir a Colombia.
Mi deber es…
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) July 7, 2026



