domingo, julio 21, 2024

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Verdad política y farsa electoral – El Mundo

Tiene razón un notable columnista de El Colombiano cuando señala las barbaridades que se han ido presentando en las actuales campañas electorales. Y alude a un extraño movimiento que se denomina “Alianza Social Indígena”, el cual tiene de todo menos de indígena.
De manera que rotos los diques de la disciplina y entregados a la locura de buscar el triunfo olvidándose de todo escrúpulo ético lo que estamos viendo es algo que para el ciudadano común carece de interés. ¿Por qué un aspirante tan serio como Alonso Salazar proveniente de la Corporación Región, un grupo de investigadores de izquierda, presente de manera positiva en el gobierno de Fajardo, debe recibir la supuesta ayuda de un politiquero como Carlos García y su supuesto Partido de la U?

Cualquier observador sabe que un político de estás características va a pedir su gran tajada burocrática en el caso de ganar las elecciones, de manera que inevitablemente Salazar comenzaría a gobernar como un prisionero de este tipo de alianzas y no pues bajo los parámetros de lo que ha supuesto una posición de izquierdas como el de su grupo. Y si a esto le agregamos la comprobada participación en su campaña de José Obdulio Gaviria, el problema se pone más serio: ¿uribistas y polistas abrazados por conveniencia?

Hay en este planteamiento algo desagradable: el entrar a considerar que existen empresarios de izquierda y empresarios tradicionalistas. ¿En dónde quedamos quienes respetamos pero no estamos de acuerdo con los planteamientos de esa izquierda si al lado de estos se alinean ahora reconocidos empresarios de nuestra ciudad? ¿Cuál será el papel de estos empresarios progresistas frente a aquellos que consideran reaccionarios?

Si Salazar es fiel a su ideario político deberá de salida explicarle a los ciudadanos quiénes se han beneficiado de la escandalosa plusvalía de una especulación urbana que en tres años ascendió al 500%. Salazar como un genuino hombre de izquierda deberá informar sobre los desconectados cuyo número es también escandaloso y de este modo comprobará que los publicistas que forjaron el lema de que él supone la continuidad, le hicieron una mala broma, pues sería imposible imaginar un mandato de gobierno que careciera de errores, pues el buen alcalde que fue Fajardo tuvo colaboradores desastrosos.

Admitir los errores es una demostración de inteligencia crítica y de grandeza moral, algo que la propaganda política ignora. ¿Pero la comprobada participación en su campaña de José Obdulio, o sea del uribismo canónico, no le está restando credibilidad a su planteamiento de renovación democrática? Los politiqueros negocian votos o sea, corrompen el ejercicio de la política, pero esto no lo puede hacer quien ha pregonado su transparencia y su repudio a la politiquería. Hay algo más que, como estrategia para no asustar señoras ni al electorado tradicional, no considero eficaz y noble: hacernos creer que su posición política nada tiene que ver con la izquierda que defiende el Polo. Lo que se mueve en el fondo de estas componendas es algo que responde a grandes intereses que van empañando la imagen de un joven político cuyo electorado le va a exigir un respeto a sus programas sobre la ciudad. ¿Lo hará conservando a los funcionarios que fracasaron o será capaz de hacer un balance crítico del estado actual de obras para plantear una nueva estrategia de gobierno?

Tenemos así una serie de ingredientes políticos al cual finalmente hay que agregar el de J. J. Rendón, ese singular personaje capaz de todo por su pasión amorosa. Rendón, a la manera de aquel Roy Cohn, el homosexual que jugó un papel importante en la política norteamericana, el llamado ángel que odió a los homosexuales paradójicamente y puso en jaque la ética política. El genial retrato de Mapplethorpe muestra su rostro sobre un fondo oscuro, una severa mascarilla de mirada pérfida, maligna.

¿No creen que son demasiados ingredientes para un muchacho que aspira a ser el alcalde de una ciudad que danza en plena bonanza económica? Bonanza sobre la cual parecen volcarse hoy los oscuros intereses de quienes quieren manipular la nueva riqueza.
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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.