ALTERNANCIA SÍ, PERO NO ASÍ

ALTERNANCIA SÍ, PERO NO ASÍ

En Colombia ha hecho carrera la creación de normas para otro país, nuestros legisladores solucionan todo en el papel: hay deforestación en la Amazonía, tome su ley prohibitoria de la tala, hay covid19, la vacunación será gratuita, matan a diestra y siniestra prohibamos matar.

Y esta conducta se generaliza al ejecutivo, administran el país que ellos quieren administrar, no el de veras veritas. Hacen parques educativos sin la más remota logística que permita el proceso, bibliotecas sin libros, centros de salud sin médicos…

Algo así está sucediendo con la cacareada alternancia educativa generada por el Ministerio de Educación, que consiste en hacerle el quite al contagio masivo de la covid19 mientras algunos estudiantes se benefician con el sagrado derecho a la educación.

Desde su escritorio en Bogotá, el Ministerio de Educación, vio, analizó, elaboró, gestionó y se imaginó que en Colombia se podrían empezar las clases en pandemia bajo el modelo denominado de alternancia, que consiste en la presencia algunos estudiantes unos días, otros estudiantes otros días, unos desde las casas y otros… todo bajo el estricto cumplimiento de unos rigurosos protocolos de bioseguridad, loable intención de la ministra.

Sin embargo, olvidó el Ministerio, asesorado seguramente por expertos, las verdaderas condiciones que rodean la educación pública en Colombia, empezando y terminando por las económicas.

Pretenden “los sabios” de la educación que los profesores hagan el protocolo de bioseguridad con un instructivo enviado en papel, sin más capacitación que la brindada en el show de “El Incapaz”. Dan por sentado la experticia de los docentes en la elaboración de protocolos de bioseguridad, cuando el grueso de ellos a duras penas porta adecuadamente el bozal, perdón tapabocas.

Protocolos que se alejan de las verdaderas posibilidades: cambiarse de ropa al ingresar a la institución, desinfección constante de motocicletas para quienes se transporten en ellas, cada miembro de la comunidad educativa deberá portar su “moga” porque no se habilitará tienda escolar, no se permitirá el ingreso a domiciliarios y menos que los profesores salgan a las tiendas cercanas, “prisión preventiva”, o peor, inste a las comunidades a mantener el aislamiento cuando en una habitación de 3 por 3 metros cohabitan los niños, la madre, la tía y la abuela. Así o más complejo…

Además, con una habilidad asombrosa esgrimen como argumento para no contratar expertos reales que elaboren los protocolos vitales en el territorio, la autonomía y particularidades de cada comunidad. (Ojalá así mismo lo vea el ICFES).

La realidad es que las condiciones de bioseguridad tienen un componente esencial: Plata; dinero, vil metal que no es la felicidad pero que contribuye en gran medida a obtenerla, y de eso no mencionan nada. La alternancia sin presupuesto es exponer a las comunidades educativas de los sectores más desfavorecidos que carecen además de muchas cosas esenciales, de salud, a un contagio seguro.

Pretende el Ministerio de Educación que una Institución Educativa que atiende poco más de 1.500 estudiantes desde transición hasta 11°, genere condiciones de bioseguridad, supla sus necesidades de papelería y de reparaciones logística con un presupuesto anual de $89 millones de pesos, que además son girados después de empezado el tercer trimestre de cada año.

¿Con qué comprar jabón para lavar las manos, desinfectantes para limpiar baños, escritorios, zonas comunes y demás, con qué reparar las baterías sanitarias, cómo habilitar una zona de emergencia para aislar los presuntos casos de contagiados?

Pero esto es solucionable de manera inmediata, la anécdota que narraré relata las condiciones culturales de nuestra población, y aunque para algunos sea motivo de risa y merecedora de adjetivos descalificadores, muestra la realidad:

Trabajaba en alguno de los muchos sectores populares al norte de la Av. 33 de la Capital de la Montaña. Salida pedagógica a una biblioteca del centro de la ciudad. Estando allí llega el vigilante:

– ¿Usted es uno de los encargados de los estudiantes?, asentí.
– Controle las niñas que están en el baño por favor, ordenó.

Me dirigí raudo para cerciorarme de lo que sucedía, al llegar, una chica de unos 12 años se volvía un ocho intentando secarse el cabello con el secador de manos mientras renegaba por lo bajo que lo habían colocado con otras que con su cabello mojado hacían fila y una última que todavía estaba en el proceso de lavado usando el jabón líquido para manos.

Esta es la realidad de nuestras comunidades, generar procesos de autocuidado es complejo y demorado, sobre todo cuando el trabajo se hace con las uñas, sin capacitación suficiente y sin presupuesto.

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