La victoria apretada de Abelardo De La Espriella en la segunda vuelta presidencial no sólo marca el cierre de una campaña ferozmente polarizada, sino el comienzo de una transición política que deberá medirse con el escrutinio, la legitimidad institucional y la obligación de gobernar para un país partido casi por la mitad.
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Colombia vivió este domingo 21 de junio una de las jornadas electorales más tensas de los últimos años.
La segunda vuelta presidencial enfrentó dos modelos políticos opuestos, dos emociones ciudadanas distintas y dos formas de entender el Estado.
Con el 99,94% de las mesas informadas, Abelardo De La Espriella tomó una ventaja cercana a los 248 mil votos sobre Iván Cepeda, un margen estrecho, suficiente en el preconteo, pero políticamente exigente para quien ahora se perfila como nuevo presidente de la República.
El triunfo de Abelardo no fue una avalancha, fue una victoria milimétrica, y precisamente por eso su primer desafío no será celebrar, sino legitimar.
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En una democracia madura, ganar por poco no disminuye la autoridad del vencedor, pero sí le impone una responsabilidad mayor, escuchar a quienes no votaron por él, evitar la tentación del triunfalismo y entender que casi la mitad del país expresó temor, resistencia o desacuerdo frente a su proyecto político.
Iván Cepeda, por su parte, aceptó el preconteo como un dato preliminar, pero dejó claro que no lo considera oficial ni vinculante hasta que concluya el escrutinio.
Su anuncio de impugnar unas 33 mil mesas en todo el país abre un capítulo jurídico y político que debe resolverse con serenidad, pruebas y respeto institucional.
Pedir revisión no es antidemocrático, lo peligroso sería convertir la revisión en una estrategia de desconocimiento permanente de la voluntad popular.
En medio de esa tensión, las felicitaciones del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez y del gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, al nuevo presidente y a su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, tuvieron un valor simbólico.
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Antioquia, que se convirtió en uno de los bastiones más fuertes de la candidatura ganadora, reclamó desde temprano una agenda concreta en seguridad, salud, vivienda, energía y autonomía regional. Ese mensaje no es menor, el nuevo gobierno tendrá que demostrar que la descentralización no fue sólo consigna de campaña.
Abelardo De La Espriella también aprovechó, después de conocido su triunfo, para rechazar la participación política de Petro y la repartija de contratos alrededor del poder.
Uno de los mensajes más fuertes del presidente electo fue su promesa de gobernar desde las regiones y no desde el centralismo de Bogotá.
Esa frase interpreta un cansancio profundo de alcaldes, gobernadores, empresarios, campesinos y ciudadanos que sienten que muchas decisiones nacionales se toman lejos de los territorios y sin entender sus urgencias.
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Sin embargo, gobernar desde las regiones exige más que giras, discursos y fotografías, exige presupuesto, autonomía, seguridad jurídica y capacidad real de ejecución.
De La Espriella informó además que habló con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien le habría manifestado que contará con el apoyo de su gobierno y de la comunidad internacional.
Ese respaldo puede convertirse en una carta diplomática importante para seguridad, inversión y cooperación internacional, pero también obliga a manejar con prudencia la relación exterior de Colombia.
El país necesita aliados, no subordinación, cooperación, no dependencia, firmeza internacional, pero con defensa del interés nacional.
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El resultado de este domingo deja una conclusión, Abelardo ganó, pero no recibió un cheque en blanco. Colombia eligió un cambio de rumbo por un margen estrecho y en medio de una fractura social profunda.
Ahora vienen el escrutinio, la transición y la prueba mayor, pasar del lenguaje de campaña al lenguaje de gobierno.
Si el nuevo presidente entiende que la victoria no autoriza la revancha, sino la responsabilidad, podrá convertir este triunfo apretado en una oportunidad histórica para recomponer la confianza institucional del país.


