jueves, abril 18, 2024

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“EL MONTADOR DE CLASE”

Profesores, preocupados por la situación se hicieron preguntas, esperando la intervención inmediata de la Secretaría Distrital de Educación de Medellín.

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A los de mi generación no nos tocó el acoso laboral, menos el bullying. A nosotros nos tocó el “montador” que aprovechaba su fuerza y presión para hacer de las suyas.

Hace más de cuarenta años fui acosado en la escuela primaria. Tenía una lonchera verde oscura, horrible de fea y un termito con un “Topoyiyo” que llenaban con café con leche que durante el tira y afloje del recorrido hacia la escuela filtraba la mitad. El plastiquito para apretar la tapa nunca sirvió…

En el salón de clases de la Moisés, existía un lugar especial para las loncheras estrictamente supervisadas por Rosalba, la maestra, quien sólo permitía acceder a ellas en el “recreo” más largo de la jornada de la mañana.

Arepa con quesito, huevo revuelto o duro, galletas de soda con mantequilla porque en ese entonces no existía ni el queso crema, menos la crema agria. Un paquetico de Galletas Sultana y un banano porque la manzana era pa’ Rosalba que acosaba con una regla de madera en la mano de cada muchachito. De lunes a viernes, esas eran las viandas…

Llegaba la hora del recreo más largo, y este pechito se iba directo a su lonchera para sentarse a desayunar. Regularmente, no todo los días, sólo encontraba en la lonchera las cascaras del banano y las envolturas de las galletas.

Lo que empezó para mí como un abuso por ser asaltado por raponeros sigilosos que nunca se dejaron agarrar, terminó siendo una obra solidaria al enterarme que el desayuno mitigaba el hambre de tres hermanos que vivían en la inmunda, dos ya asesinados, y, otro, campeón mundial de atletismo.

Para personas como yo que nos levantamos en la calle, aprendimos a la fuerza a sortear el “marica montador”, a la larga uno termina defendiéndose, pero el que no es capaz qué, el acoso escolar es más que real…

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Investigando algunos datos en Colombia de cada 10 muchachitos, 7 son víctimas de acoso escolar. De acuerdo con la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, Colombia es uno de los países con mayor número de casos de acoso. Al menos el 20% de los niños de todo el país son víctimas de acoso.

La Ley 1620 de 2013, conocida como Ley ANTIACOSO ESCOLAR, establece derechos, deberes y obligaciones para proteger a los menores, además que exige promover políticas de prevención del acoso escolar en instituciones educativas.

La ley define el acoso escolar como cualquier acto de maltrato físico, verbal o psicológico que pueda afectar a un individuo en un entorno educativo.

En Medellín, por ejemplo, en el 2019 se registraron 1.876 casos de acoso escolar, mientras que, en el 2022 se reportaron 501 casos.

Varios profesores de Instituciones Educativas de Medellín llamaron la atención sobre lo que se está presentando en colegios de la ciudad.

En la INSTITUCIÓN EDUCATIVA AGUSTÍN NIETO CABALLERO, ubicada en el barrio Villa Hermosa en el centro de Medellín estudian jovencitas que pertenecen a población vulnerable al estar en riesgo de violencia intrafamiliar o abuso sexual.

Estas jovencitas, en su mayoría, que integran núcleos liderados por madres cabeza de familia no disponen de un cuidador por lo que son internadas entre lunes y viernes en Hogares San José. En este año se incrementó la agresividad entre las jovencitas, existe poca tolerancia y es común y natural el insulto, las indirectas y palabras hirientes.

Las mismas muchachitas justifican su actuaciones con respuestas como: -Es que me cae mal, -es que no me gusta que se rían de mí, -es que aquella me dijo que esta dijo…

A lo anterior hay que sumar “el plus” que tiene para ellas el poseer un celular con el que graban las peleas para posteriormente hacer bullying a la que haya llevado la peor parte del bonche, agresión, que, por lo general ya «estaba casada» con anterioridad.

Lo peor del asunto es la posición de agitadores, de los espectadores que atizan mucho más el fuego con frases hirientes.

Algunos de los profesores, preocupados por la situación se hicieron preguntas, esperando la intervención inmediata de la Secretaría Distrital de Educación de Medellín:

  1. ¿Cómo sensibilizar más a las «familias» con relación a la agresión de la que son víctimas sus hijas, que, además se refleja en la escuela?
  2. ¿Qué programa serio y con compromiso existe en la institución?
  3. ¿Qué dicen los maestros, cuando a veces el «zafarrancho» se presenta en sus mimas narices?
  4. ¿Qué están haciendo los directivos o no están enterados?

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Ruben Benjumea
Soy periodista por vicio y bloguero por pasión y necesidad. Estamos fortaleciendo otra forma de hacer periodismo independiente, sin mucha censura, con miedo a las balas perdidas, pero sin cobardía.